sábado, 25 de febrero de 2017

La "Generación Online": ¿Estamos educando en la dependencia de las tecnologías de comunicación?


     Una de las razones de abrir este blog es expresar algunos de mis temas no resueltos, es decir, algunos temas que me plantean importantes interrogantes de cara a mi labor docente, pero cuya respuesta aún no he conseguido resolver.

     Uno de estos interrogantes tiene que ver el hecho de que, poco a poco, estamos ayudando a educar las que son las generaciones de personas online, es decir, seres humanos que no conocen un mundo en el que no puedas acudir a una pantalla, tocarla y extraer todo tipo de información, a veces más y otras veces menos útil.

     El hecho es que, en algunos casos, las prácticas de la docencia más innovadoras y motivadoras para el alumnado no dejan de colocar al docente, continuamente, ante una disyuntiva que surge porque el tiempo que se tiene es limitado. La disyuntiva es la siguiente: si planeo una actividad motivadora en clase, de indagación, etc. he de renunciar a trabajar una visión en profundidad del contenido en sí de la materia.  Es decir, el tiempo que tengo lo invierto, principalmente, en la motivación del alumnado hacia el tema y no tanto en el contenido en sí. Obviamente, sí se trabaja el contenido pero de una forma menos intensa ya que no dispongo del tiempo suficiente.

     Para salvar esta cuestión, los docentes nos apoyamos en el hecho de que, hoy en día, la mayor parte del alumnado puede recurrir a conectarse a Internet y encontrar toda la información que necesite. Este hecho dejaría un poco obsoleta la necesidad de tratar los contenidos en sí mismos en el aula y estaría transformando, poco a poco, la docencia de ciertas materias (como las Ciencias Sociales) que pasarían a centrarse más bien en la comprensión y la valoración de la validez de las fuentes consultadas. Mi frase suele ser "comprueba de dónde has extraído la información ya que podría tratarse del blog de mi prima, que le encanta la Prehistoria, pero no tiene mucha idea de ella".

:)

     Sin embargo, ahí me surge una reflexión. ¿Qué sucedería si esta generación no tuviera acceso a una pantalla? Un conflicto bélico, un problema de otro tipo podría, inesperadamente, cortar las comunicaciones entre seres humanos tal y como las conocemos en la actualidad. ¿Cómo se desenvolvería la "Generación online" en una situación similar? ¿Sería capaz de sobrevivir en un contexto de varios años de ausencia de este tipo de tecnologías de comunicación?

 Las posibilidades de que una persona se encuentre forzada a prescindir del acceso a internet durante años pueden parecernos tan descabelladas ahora como les parecería a los soviéticos de los años 70 la desintegración de de la URSS veinte años después. El hecho de que sobrevivirán llegado el caso, es indiscutible pero, ¿cómo? ¿con prosperidad?

Y bajo toda esta reflexión subyace otra un poco más amplia:
 ¿Estamos haciendo a nuestras futuras generaciones dependientes de las tecnologías de la información?

El debate está abierto.


viernes, 17 de febrero de 2017

¿Es un colegio sin exámenes y sin deberes un colegio para tontos?


     Esta semana, en la sala de profesores de Secundaria en Escuela Ideo surgió un pequeño debate a raíz del comentario de un alumno a una profesora. Comentaba este alumno que tenía un grupo de amigos que le decían que su colegio, Escuela Ideo, era un colegio para tontos ya que se trataba de un colegio sin exámenes ni deberes, en el que el alumnado no tiene que pegarse inmensas palizas diarias de trabajo después de su jornada laboral, es decir, un lugar que no reporta el consabido sufrimiento y sacrificio que, tradicionalmente, se ha atribuido a los estudios.

     El debate, surgido a través de esta idea, era precisamente sobre cómo luchar contra esta imagen de que un colegio que no expone a su alumnado a los "tormentos" de la educación antigua no se trata de un colegio que no ofrece las mismas garantías educativas que uno que sí lo hace. 

     El año pasado yo me enfrenté con la misma pregunta. La franqueza y claridad de los adolescentes a veces te coloca ante decisiones que son tan complicadas como elegir entre el bien y el mal, y ahí estaba Pablo, diciéndome que sus amigos le decían que iba a un colegio para tontos. ¿Era el nuestro un colegio para "tontos"?

     A lo primero que esta pregunta me llevó era a reflexionar sobre el concepto de "tontos". La diferencia entre los colegios para "listos" y los colegios para "tontos", basados en este concepto, es que en los primeros, el alumnado tiene que someterse a pruebas escritas como uno de los principales elementos para valorar su grado de adquisición de conocimientos. Esto se complementa con la realización de actividades, trabajos y demás que en muchos casos ocupan gran parte de las tardes de los estudiantes. En el nuestro, colegio de "tontos", nuestro alumnado no tiene tareas para las tardes, más allá de acabar lo que no hayan hecho en clase y, en ocasiones, investigar sobre lo que hayan trabajado.

     La lógica de este razonamiento establecería que la diferencia entre el alumnado que acaba  sus estudios en un colegio para listos y el que acaba en un colegio para tontos, debe ser abismal. Los estudiantes de los primeros, tendrán un dominio de conocimientos y competencias muy superior al de los segundos ya que todo ese trabajo y sacrificio del tiempo libre tiene que tener algún sentido. Pero, ¿y si no lo tuviera?

     El viejo paradigma educativo está tan arraigado entre nosotros que nos hace recelar de que sea posible un aprendizaje que no requiera tanto sacrificio y esfuerzo: "El estudio requiere sacrificio y este sacrificio viene en forma de sufrimiento y frustración". Es decir, un lugar así no puede ser un lugar donde niños "normales" o "listos"  puedan desarrollarse en su plenitud tanto como los "tontos".

     Más que entrar en el tema de qué se lleva el alumnado en cuanto a competencias y conocimientos, me gustaría centrarme en el de la finalidad de la Educación.  ¿Para qué sirve o debería servir la educación de un estudiante?

     Mi experiencia como educador me ha hecho llegar a la idea de que necesitamos gente que sea feliz, libre y con valores humanos. Y es esa la función que debería cumplir la educación: enseñar a personas a ser libres, tener puntos de vista críticos que le permitan moverse por el mundo y alcanzar sus aspiraciones. Ello requiere conocer las potencialidades y flaquezas propias, ser capaz de apoyarse en otras personas cuando se necesite, reconocer las emociones que vivimos y cómo nos influyen, etc. La inteligencia emocional, la motivación y la pasión por determinados temas, el entrenamiento en la autoevaluación, etc. no son competencias que se practiquen haciendo esquemas, memorizando textos o "expulsando" lecciones de nuestro interior en exámenes. Mientras que las técnicas de estudio y de trabajo sí son cosas que se pueden trabajar en horario lectivo (de ocho horas diarias, ni más ni menos), junto con todo lo mencionado anteriormente. 

     Mi respuesta a Pablo fue que en nuestro colegio aprenden a conocerse, a ser personas, a analizar el mundo que les rodea y a tomar decisiones a partir de ello. Su respuesta confirmó mis ideas: Además, dijo, es un asco que mucha gente siempre está separando entre los listos y los tontos.