Esta semana, en la sala de profesores de Secundaria en Escuela Ideo surgió un pequeño debate a raíz del comentario de un alumno a una profesora. Comentaba este alumno que tenía un grupo de amigos que le decían que su colegio, Escuela Ideo, era un colegio para tontos ya que se trataba de un colegio sin exámenes ni deberes, en el que el alumnado no tiene que pegarse inmensas palizas diarias de trabajo después de su jornada laboral, es decir, un lugar que no reporta el consabido sufrimiento y sacrificio que, tradicionalmente, se ha atribuido a los estudios.
El debate, surgido a través de esta idea, era precisamente sobre cómo luchar contra esta imagen de que un colegio que no expone a su alumnado a los "tormentos" de la educación antigua no se trata de un colegio que no ofrece las mismas garantías educativas que uno que sí lo hace.
El año pasado yo me enfrenté con la misma pregunta. La franqueza y claridad de los adolescentes a veces te coloca ante decisiones que son tan complicadas como elegir entre el bien y el mal, y ahí estaba Pablo, diciéndome que sus amigos le decían que iba a un colegio para tontos. ¿Era el nuestro un colegio para "tontos"?
A lo primero que esta pregunta me llevó era a reflexionar sobre el concepto de "tontos". La diferencia entre los colegios para "listos" y los colegios para "tontos", basados en este concepto, es que en los primeros, el alumnado tiene que someterse a pruebas escritas como uno de los principales elementos para valorar su grado de adquisición de conocimientos. Esto se complementa con la realización de actividades, trabajos y demás que en muchos casos ocupan gran parte de las tardes de los estudiantes. En el nuestro, colegio de "tontos", nuestro alumnado no tiene tareas para las tardes, más allá de acabar lo que no hayan hecho en clase y, en ocasiones, investigar sobre lo que hayan trabajado.
La lógica de este razonamiento establecería que la diferencia entre el alumnado que acaba sus estudios en un colegio para listos y el que acaba en un colegio para tontos, debe ser abismal. Los estudiantes de los primeros, tendrán un dominio de conocimientos y competencias muy superior al de los segundos ya que todo ese trabajo y sacrificio del tiempo libre tiene que tener algún sentido. Pero, ¿y si no lo tuviera?
El viejo paradigma educativo está tan arraigado entre nosotros que nos hace recelar de que sea posible un aprendizaje que no requiera tanto sacrificio y esfuerzo: "El estudio requiere sacrificio y este sacrificio viene en forma de sufrimiento y frustración". Es decir, un lugar así no puede ser un lugar donde niños "normales" o "listos" puedan desarrollarse en su plenitud tanto como los "tontos".
Más que entrar en el tema de qué se lleva el alumnado en cuanto a competencias y conocimientos, me gustaría centrarme en el de la finalidad de la Educación. ¿Para qué sirve o debería servir la educación de un estudiante?
Mi experiencia como educador me ha hecho llegar a la idea de que necesitamos gente que sea feliz, libre y con valores humanos. Y es esa la función que debería cumplir la educación: enseñar a personas a ser libres, tener puntos de vista críticos que le permitan moverse por el mundo y alcanzar sus aspiraciones. Ello requiere conocer las potencialidades y flaquezas propias, ser capaz de apoyarse en otras personas cuando se necesite, reconocer las emociones que vivimos y cómo nos influyen, etc. La inteligencia emocional, la motivación y la pasión por determinados temas, el entrenamiento en la autoevaluación, etc. no son competencias que se practiquen haciendo esquemas, memorizando textos o "expulsando" lecciones de nuestro interior en exámenes. Mientras que las técnicas de estudio y de trabajo sí son cosas que se pueden trabajar en horario lectivo (de ocho horas diarias, ni más ni menos), junto con todo lo mencionado anteriormente.
Mi respuesta a Pablo fue que en nuestro colegio aprenden a conocerse, a ser personas, a analizar el mundo que les rodea y a tomar decisiones a partir de ello. Su respuesta confirmó mis ideas: Además, dijo, es un asco que mucha gente siempre está separando entre los listos y los tontos.
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